Profecía de san malaquías

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El día que Petrus Romanus ascendió al poder de la iglesia católica, lo hizo como su regente, como un hombre de fe al servicio de la casa de Dios; negó ser la figura de un hombre ostentando el poder sobre otros hombres; como lo habían sido otros Papas mundanos como Alejandro VI—los Borgias—, Esteban VI—enjuicio el cadáver del Papa Formoso—, Urbano VI, Benedicto IX. Todos ellos con un proceder muy ajeno al deber ser del Vicario de Cristo. Él sabía que la iglesia no engañaba al hombre; es el hombre quien engañaba a la iglesia y a su feligresía.

Años después. No muy lejos de Roma, un hombre común después de batallar toda su existencia entre las tribulaciones y banalidades del mundo, al fin murió, murió solo; como siempre estuvo en este mundo, pero aferrado a su fe en Dios. Ese mismo día el cielo se ilumino con su espíritu, y Dios se regodeo con el alma de los hombres de buena voluntad.

Pero aquí abajo, en la tierra, en una plaza de la bucólica Madrid, el Ángel caído miraba hacia arriba con envidia, y resentimiento; y más abajo de sus pies mucha gente incrédula hacían circulo a su alrededor y se mofaban de la vida de Cristo, se reían del fin del mundo y de las profecías. Más que nunca la perversidad contra Cristo era intolerable, ahora era un virus en las redes sociales más letal que el Centurión de Tarraco y su guardia pretoriana del prefecto Poncio Pilato. Estos perseguidores en su mundanidad no sabían que después de la muerte de Cristo el Centurión se había convertido al cristianismo; y mucho menos iban a saber que debajo de sus pies se estaba desvaneciendo los viejos arquetipos de un imperio religioso.

No muy lejos de allí, sobre una colina. El Obispo de Roma, rodeado de su rebaño, recibía la luz que a ellos los bendecía y en los otros destruía la perversidad del hombre contra el hombre. Junto a los hombres y mujeres de buena voluntad, rezó por la fe en Jesucristo y por la paz de la humanidad.

—Cada hombre debe de luchar por su fe, porque este es un asunto personal. Cada hombre es una piedra de la iglesia cristiana. Hoy el hombre de fe debe sanar la iglesia, porque ella, en el hombre de buena voluntad se convierte en polvo; y el hombre hecho polvo renacerá en la piedra con la que se edificara la verdadera iglesia cristiana. La iglesia guiada por el Espíritu Santo y no por el hombre y su ansiedad mundana. Ahora y por los siglos de los siglos, no habrá más tergiversación de la palabra de Jesucristo.

Y los fieles dijeron:

—Amen.

LOco

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Dice el maestro:
No tengas miedo de que te llamen loco; haz
algo hoy que no concuerde con la lógica que
aprendiste. Altera un poco ese comportamiento
serio que te enseñaron a tener. Ese pequeño
detalle por insignificante que sea, puede abrir
las puertas a una gran aventura, humana y
espiritual.
Paulo Coelho/Maktub

Yo digo:


LOCO
El verdadero loco
nunca sabe que está loco
el solo profesa la fantasía
que le patina en el coco;
por eso su alma le inventa cuentos,
por eso vive de sueños rotos.
Por eso el mundo es un fandanguillo
y siempre habrá quien lo baile
sin el temor de perder un tornillo;
y a ese rebelde de mil cuartillos
lo aclaman con bombos y con platillos.
«Ahí va mi loco, loco, loquillo,
que le dio la vuelta al mundo
viviendo sus sueños rotos
entre las coplas de un fandanguillo».
©fjmalpica2020

un amor casi imposible

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Un “no” otra vez, y luego el silencio. El silencio que corta el hilo de voz, y lastima al corazón cuando las emociones se van al fondo de la nada, y el alma aprisionada lo llena de burbujas vacías; de allí emerge el dolor como un reflejo de preguntas sin respuestas, o la necesidad de al menos una mentira piadosa que oxigene la esperanza.

El hombre no se precipita y pone nuevamente su mano en el corazón, respira profundo y busca nuevamente en aquel rostro de ojos grandes, y llenos de incertidumbre, las señales del amor. El entiende que muchos “no” y el frío de un adiós, esconden el fuego ardiente y crepitante que atesora en su alma. El desea amarla de verdad, así que no teme arriesgar todo. Jugarse a Rosalinda donde otros solo han ofrecido viejos trucos de juegos de amor.

Se ha ido el silencio, pero no hay campanitas de buen augurio, solo mariposas en la barriga que revolotean con más fuerza a cada paso que da. El hombre camina hacia ella sin el temor al fracaso. Solo sabe que la quiere amar de verdad.

Porque sin su amor, él, solo es un fantasma con sus noches de soledad.

el ultimo otoño

Imagen de Myriam Zilles de Pixabay

Ayer lo vi. Lo vi cuando cruzó frente a mi casa. Se veía muy viejo, cansado; pero aún guardaba la algarabía de sus años mozos; aún tenía aquella pícara sonrisa que mostraba el relucir de su diente de oro. La noticia cundió el poblado como las hojarascas al viento cunden los caminos en verano, y todo porque su familia no lo quería ver, ni recibir. Esta era la recompensa que le tenían guardada por haberlos abandonado, por irse a vivir otra vida.

A los días su primogénita tuvo que venir de la ciudad a poner orden.

—¿Qué es eso? ¿Somos una familia?, de quien creen ustedes que hablan, de él o de nosotros. Yo sé que son habladurías, pero al menos consíganle ropa, y denle de comer. —Golpeó la mesa con hincapié para contrarrestar el desaire en la mirada de su madre—. Ahora iré a darle las gracias a mi padrino Andrés que al menos lo ha recibido.

Durante esa semana se convirtió en la noticia principal del pequeño poblado. Se le veía detenerse y hablar por largas horas con aquellos parroquianos de su juventud. Pero su compadre Andrés era el favorito, sentado junto a él, en aquellos inmensos sillones acomodados al frente de su casona, recordaba sus aventurillas. Aunque su voz estaba debilitada como su temperamento, se notaba que aún conservaba la labia que le había deparado tantos éxitos en su juventud. Por largo rato habló de negocios y entuertos, hechos en otros pueblos, unos buenos y otros malos; pero su risa siempre estaba ahí. Hasta que Andrés le tocó la tecla que le hizo apretujarse al sillón.

—Compadre te fuiste y nunca viniste a regresarme el dinero que te preste.

Se notó cuando el viejo sintió la estocada en el alma. Sacar aquella deuda olvidada en algún rincón de su memoria no era cosa de amigos. Hizo un esfuerzo enorme para enderezarse en el sillón, y luego quiso congraciarse con una vieja chanza.

—Compadre usted siempre tan vainoso. ¿Qué es un pelo pá un gato?

Pero su compadre Andrés aprovecho su jocosidad para coger la ocasión por los pelos, y un tanto molesto, le dijo:

—Compadre. Un pelo, es un pelo, y más si el pelo es de un gran gato.

Aquel rostro sin palabras con la mirada enterrada en el suelo, predecía un monologo interno. «Que decirle» —quizás pensó el viejo—. Como decirle que sus bolsillos estaban tan vacíos como su alma.

─¿Porque regresaste después de tantos años? ─le dijo, interrumpiendo sus pensamientos, como si estuviera enjuiciando aquella vieja amistad.

El  no respondió; nuevamente enmudeció. Tantas cosas desterradas de su memoria que ahora le faltaba tiempo para encontrarlas y tiempo era lo que no tenía. Hizo un gran esfuerzo para levantarse del viejo sillón y cabizbajo, sin ni siquiera despedirse,  se fue de aquella gran casona que una vez sintió ser parte de ella.

Desde el corredor de mi casa lo note pasar. Pasó como pasan los andariegos; a pasos lentos y mirada perdida. Y me pregunté:

─¿Quién hace al hombre?, será el destino, los malabares de la suerte, o las decisiones que debe tomar.

Hoy lo vi de nuevo. yo iba y el venia del cementerio. El sol estaba a medio cielo y el camino solitario parecía una culebra del desierto tostada por el fuego de la arena. Se oía quejumbroso. Cada paso era una migaja del camino a recorrer y el trecho era largo. Lo vi detenerse y enjugarse el sudor con un viejo y amarillento pañuelo, luego encorvó la espalda como cuando se lleva una carga pesada y retomó la marcha. Alguien pasó y lo saludó, y él se quedó embutido en su sombra. No había pícaras sonrisas, solo susurros a su sombra. Sus pisadas caían sin fuerza; se desplomaban suavemente como las hojas en el otoño. Su rostro sin horizonte, y el semblante triste, auguraban lúgubres días por venir.

santísima maría, madre de dios

En estos días de pascuas, me es grato compartir este acróstico en honor a la Virgen María. Saludos a todas las marianas y a todos los marianos del mundo, que reciban un venturoso año nuevo 2020.
¡FELICES PASCUAS!

SANTÍSIMA MARÍA, MADRE DE DIOS


Salve. ¡Oh! purísima Virgen María.
Alma soy, corazón soy, tuyo en mente soy, inmaculada Santa Madre de
Nuestro Señor Jesucristo; madre perfecta; madre sacrificada.
Todo eres y en todas partes estás. Eres como el ave peregrina que
Incansable cruza los cielos hacia nuevos mundos y vas como el viento
Solariego que siempre recuerda traer su frescura a nuestro rincón cordial.
Infinita es tu misericordia, e infinito es tu legado, Santísima María; porque
Mariana es cada mujer que lleva en su corazón el inmenso amor de Jesús y
Amamanta la esperanza de criar hijos para forjar un mundo mejor.

M
isericordiosa. ¡Oh! Estrella de los Mares. Te imploramos que
Abogues por la flor que, sin culpa, nació en el jardín del pecado original,
Revístela con tu santo velo y preserva su senda hacia la sangre de Jesús, rey
Inmortalpor los siglos de los siglos. Hoy en su honor acudimos
A tu benevolencia en el nombre del Espíritu Santo, la eterna luz y la verdad.

M
aría, madre de Jesús y madre nuestra, protégenos del mal que nos acecha;
Asícomo el altísimo te preservó de la mancha original; concédenos ir
De tu mano hacia Dios, nuestro Creador; y cuando bajes al purgatorio te
Rogamos libres las almas pecadoras y condúcelas, junto al escapulario, a la
Eternidad del reino celestial.

D
ecir tu nombre, María, es el más dulce recuerdo de este viaje terrenal y lo
Exaltaremos como canción de amor y libertad, desde aquí hasta el más allá.

D
ecir tu nombre, María, es el Ángelus que fluye como miel de panal y al
Invocarlo en el nombre del padre y del hijo, y en el espíritu de su santidad;
Oraremos esta plegaria por larga vida y salvación eterna. Porque
Somos Marianos y Marianas, por siempre, aquí y en la eternidad. Amen.

El escritor sólo puede interesar a la humanidad cuando en sus obras se interesa por la humanidad. MIGUEL DE UNAMUNO

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