reflexiones 2. CREPÚSCULOs

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Cuando un arrebol, crepúsculo vespertino, muere, es porque en otro horizonte está naciendo el Alba.

Profecía de san malaquías

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El día que Petrus Romanus ascendió al poder de la iglesia católica, lo hizo como su regente, como un hombre de fe al servicio de la casa de Dios; negó ser la figura de un hombre ostentando el poder sobre otros hombres; como lo habían sido otros Papas mundanos como Alejandro VI—los Borgias—, Esteban VI—enjuicio el cadáver del Papa Formoso—, Urbano VI, Benedicto IX. Todos ellos con un proceder muy ajeno al deber ser del Vicario de Cristo. Él sabía que la iglesia no engañaba al hombre; es el hombre quien engañaba a la iglesia y a su feligresía.

Años después. No muy lejos de Roma, un hombre común después de batallar toda su existencia entre las tribulaciones y banalidades del mundo, al fin murió, murió solo; como siempre estuvo en este mundo, pero aferrado a su fe en Dios. Ese mismo día el cielo se ilumino con su espíritu, y Dios se regodeo con el alma de los hombres de buena voluntad.

Pero aquí abajo, en la tierra, en una plaza de la bucólica Madrid, el Ángel caído miraba hacia arriba con envidia, y resentimiento; y más abajo de sus pies mucha gente incrédula hacían circulo a su alrededor y se mofaban de la vida de Cristo, se reían del fin del mundo y de las profecías. Más que nunca la perversidad contra Cristo era intolerable, ahora era un virus en las redes sociales más letal que el Centurión de Tarraco y su guardia pretoriana del prefecto Poncio Pilato. Estos perseguidores en su mundanidad no sabían que después de la muerte de Cristo el Centurión se había convertido al cristianismo; y mucho menos iban a saber que debajo de sus pies se estaba desvaneciendo los viejos arquetipos de un imperio religioso.

No muy lejos de allí, sobre una colina. El Obispo de Roma, rodeado de su rebaño, recibía la luz que a ellos los bendecía y en los otros destruía la perversidad del hombre contra el hombre. Junto a los hombres y mujeres de buena voluntad, rezó por la fe en Jesucristo y por la paz de la humanidad.

—Cada hombre debe de luchar por su fe, porque este es un asunto personal. Cada hombre es una piedra de la iglesia cristiana. Hoy el hombre de fe debe sanar la iglesia, porque ella, en el hombre de buena voluntad se convierte en polvo; y el hombre hecho polvo renacerá en la piedra con la que se edificara la verdadera iglesia cristiana. La iglesia guiada por el Espíritu Santo y no por el hombre y su ansiedad mundana. Ahora y por los siglos de los siglos, no habrá más tergiversación de la palabra de Jesucristo.

Y los fieles dijeron:

—Amen.

el ultimo otoño

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Ayer lo vi. Lo vi cuando cruzó frente a mi casa. Se veía muy viejo, cansado; pero aún guardaba la algarabía de sus años mozos; aún tenía aquella pícara sonrisa que mostraba el relucir de su diente de oro. La noticia cundió el poblado como las hojarascas al viento cunden los caminos en verano, y todo porque su familia no lo quería ver, ni recibir. Esta era la recompensa que le tenían guardada por haberlos abandonado, por irse a vivir otra vida.

A los días su primogénita tuvo que venir de la ciudad a poner orden.

—¿Qué es eso? ¿Somos una familia?, de quien creen ustedes que hablan, de él o de nosotros. Yo sé que son habladurías, pero al menos consíganle ropa, y denle de comer. —Golpeó la mesa con hincapié para contrarrestar el desaire en la mirada de su madre—. Ahora iré a darle las gracias a mi padrino Andrés que al menos lo ha recibido.

Durante esa semana se convirtió en la noticia principal del pequeño poblado. Se le veía detenerse y hablar por largas horas con aquellos parroquianos de su juventud. Pero su compadre Andrés era el favorito, sentado junto a él, en aquellos inmensos sillones acomodados al frente de su casona, recordaba sus aventurillas. Aunque su voz estaba debilitada como su temperamento, se notaba que aún conservaba la labia que le había deparado tantos éxitos en su juventud. Por largo rato habló de negocios y entuertos, hechos en otros pueblos, unos buenos y otros malos; pero su risa siempre estaba ahí. Hasta que Andrés le tocó la tecla que le hizo apretujarse al sillón.

—Compadre te fuiste y nunca viniste a regresarme el dinero que te preste.

Se notó cuando el viejo sintió la estocada en el alma. Sacar aquella deuda olvidada en algún rincón de su memoria no era cosa de amigos. Hizo un esfuerzo enorme para enderezarse en el sillón, y luego quiso congraciarse con una vieja chanza.

—Compadre usted siempre tan vainoso. ¿Qué es un pelo pá un gato?

Pero su compadre Andrés aprovecho su jocosidad para coger la ocasión por los pelos, y un tanto molesto, le dijo:

—Compadre. Un pelo, es un pelo, y más si el pelo es de un gran gato.

Aquel rostro sin palabras con la mirada enterrada en el suelo, predecía un monologo interno. «Que decirle» —quizás pensó el viejo—. Como decirle que sus bolsillos estaban tan vacíos como su alma.

─¿Porque regresaste después de tantos años? ─le dijo, interrumpiendo sus pensamientos, como si estuviera enjuiciando aquella vieja amistad.

El  no respondió; nuevamente enmudeció. Tantas cosas desterradas de su memoria que ahora le faltaba tiempo para encontrarlas y tiempo era lo que no tenía. Hizo un gran esfuerzo para levantarse del viejo sillón y cabizbajo, sin ni siquiera despedirse,  se fue de aquella gran casona que una vez sintió ser parte de ella.

Desde el corredor de mi casa lo note pasar. Pasó como pasan los andariegos; a pasos lentos y mirada perdida. Y me pregunté:

─¿Quién hace al hombre?, será el destino, los malabares de la suerte, o las decisiones que debe tomar.

Hoy lo vi de nuevo. yo iba y el venia del cementerio. El sol estaba a medio cielo y el camino solitario parecía una culebra del desierto tostada por el fuego de la arena. Se oía quejumbroso. Cada paso era una migaja del camino a recorrer y el trecho era largo. Lo vi detenerse y enjugarse el sudor con un viejo y amarillento pañuelo, luego encorvó la espalda como cuando se lleva una carga pesada y retomó la marcha. Alguien pasó y lo saludó, y él se quedó embutido en su sombra. No había pícaras sonrisas, solo susurros a su sombra. Sus pisadas caían sin fuerza; se desplomaban suavemente como las hojas en el otoño. Su rostro sin horizonte, y el semblante triste, auguraban lúgubres días por venir.

santísima maría, madre de dios

En estos días de pascuas, me es grato compartir este acróstico en honor a la Virgen María. Saludos a todas las marianas y a todos los marianos del mundo, que reciban un venturoso año nuevo 2020.
¡FELICES PASCUAS!

SANTÍSIMA MARÍA, MADRE DE DIOS


S
alve. ¡Oh! Purísima Virgen María.
Alma soy, corazón soy, tuyo en mente soy, inmaculada Santa Madre de
Nuestro Señor Jesucristo; madre perfecta; madre sacrificada.
Todo eres y en todas partes estás. Eres como el ave peregrina que
Incansable cruza los cielos hacia nuevos mundos y vas como el viento
Solariego que siempre recuerda traer su frescura a nuestro rincón cordial.
Infinita es tu misericordia, e infinito es tu legado, Santísima María; porque
Mariana es cada mujer que lleva en su corazón el inmenso amor de Jesús y
Amamanta la esperanza de criar hijos para forjar un mundo mejor.

M
isericordiosa. ¡Oh! Estrella de los Mares. Te imploramos que
Abogues por la flor que, sin culpa, nació en el jardín del pecado original,
Revístela con tu santo velo y preserva su senda hacia la sangre de Jesús, rey
Inmortal por los siglos de los siglos. Hoy en su honor acudimos
A tu benevolencia en el nombre del Espíritu Santo, la eterna luz y la verdad.

M
aría, madre de Jesús y madre nuestra, protégenos del mal que nos acecha;
Así como el altísimo te preservó de la mancha original; concédenos ir
De tu mano hacia Dios, nuestro Creador; y cuando bajes al purgatorio te
Rogamos libres las almas pecadoras y condúcelas, junto al escapulario, a la
Eternidad del reino celestial.

D
ecir tu nombre, María, es el más dulce recuerdo de este viaje terrenal y lo
Exaltaremos como canción de amor y libertad, desde aquí hasta el más allá.

D
ecir tu nombre, María, es el Ángelus que fluye como miel de panal y al
Invocarlo en el nombre del padre y del hijo, y en el espíritu de su santidad;
Oraremos esta plegaria por larga vida y salvación eterna. Porque
Somos Marianos y Marianas, por siempre, aquí y en la eternidad. Amén.

reflexiones 1. recuerdos

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La mente es una fábrica de recuerdos perdidos,
fragmentos de que algo existió
en un determinado momento como un todo.

El niño jesús, si existe mamá

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Dos niños jugaban en la callejuela de su pueblo, en la víspera de la navidad.

—¿Que le pediste tú al Niño Jesús? —preguntó Félix, un carajito de escasos 8 años.

El otro muchacho, mas grandecito, ya cumplidos los doce, se le acercó cautelosamente, y miró en derredor por si acaso había algún adulto. Luego desde muy cerca, le confió:

—No seas tonto. el niño Jesús no existe. Te lo digo yo, que ya se cosas, son nuestros padres quienes nos compran los regalos.

Félix frunció el entrecejo y estiró el labio inferior, mientras el superior se apretaba a sus pequeños dientes; estaba a punto de hacer puchero. Las lagrimas se asomaron a sus ojos. Francisco como se llamaba el otro chico, contento con su diablura, notó la tristeza del pequeño y se regocijo de su travesura:

—Ya sabes—le dijo un poco asustadizo—. No se lo digas a nadie.

Al día siguiente, cuando el pequeño sintió la luz del amanecer sobre sus parpados, de inmediato abrió los ojos y saltó de la cama. Como un celaje busco por todo el cuarto sin encontrar el ansiado regalo que le había pedido al Niño Jesús. Al no encontrar nada, salio corriendo hasta la cocina donde sabia que siempre encontraría a su mamá preparando el desayuno.

—¡Mamá! No me trajo mi regalo, el Niño Jesús no me trajo nada —le dijo entristecido, con las lagrimas rodando a cantaros por sus mejillas.
—¿Pero ya buscaste bien?
—No encontré nada, no encontré nada —dijo con una tristeza que le arrugó el corazón a su madre.

En su cabezita se le repetía sin cesar la frase de su amigo: «El Niño Jesús no existe, el Niño Jesús son tus padres».

—¿Buscaste en el arbolito? a lo mejor andaba rápido y lo dejo ahí, en el arbolito.
—No, él siempre me lo deja debajo de mi cama, en mi cuarto, y ahí no hay nada.
—Pero busca en el arbolito.

Y el pequeño Felix marchó hacia el arbolito, iba confundido, asustado con la idea de no encontrar su regalo, de que su amigo tenia razón.

Al rato llegó corriendo a la cocina, con una alegría que que no cabía en su pequeño corazón.

—¡Mama!¡mama! Si existe, el Niño Jesús si existe. —le dijo con aquella expresión de felicidad que irradiaba toda la cocina.

—¡Claro que si existe! le dijo ella.
—¡Claro mama! —y luego dijo bajando la voz—. Francisquito si es loco, diciendo que eran ustedes. Pero como van a ser ustedes, como ustedes me iban a comprar una bicicleta que es están carísima, si nosotros somos muy pobres.

La mama se sonrió y pensó en la edad de la inocencia, luego retomó su labor de preparar el desayuno; y el pequeño Félix agarró su bicicleta y se marcho raudo y feliz a la callejuela, donde lo esperaban sus amiguitos.

un buen DÍA de navidad

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La música navideña alegraba el ambiente. La barra estaba llena de gente feliz. En ese momento alguien propuso un brindis. Yo me acerque al barman y le solicite una bebida espumosa. Muy ajeno a lo que allí sucedía, por visitar por primera vez aquel lugar, comencé a libar el refrescante líquido mientras observaba a la gente manifestar su alegría, unos más eufóricos que otros, pero todos alegres. A mi derecha un grupo de jóvenes competían por tomarse el trago más largo, eran estridentes, muy protagonistas; a mi izquierda dos hombres sostenían un dialogo fraterno, sus palabras, sus gestos y por lo que conversaban pude intuir que eran amigos, hermanos de la infancia. Me tomé dos sorbos de mi espumosa bebida, y preste  atención a sus palabras; con honestidad hablaban de sus vivencias, del mundo y de la familia. Aquel dialogo despertó mi interés, y sutilmente deje que sus discursos acapararan  totalmente mi atención.

—Pero Juan, pasa el tiempo y envejecemos, y allí empiezan los temores —dijo el que estaba cerca de mí—.  Estamos en la línea donde no somos jóvenes, ni viejos. Ojala no nos agarre el síndrome de los cuarenta.

—Jajaja. —Sonrió el otro—. Que ocurrencias las tuyas, no creo que esa crisis toque mi sicología.

—Amigo eso uno nunca lo sabe. Nadie sabe cómo va a terminar todo en este mundo que cada vez está más loco. ¡Ese es mi temor, a que ese virus emocional me contagie!, y tú. ¿Has  sentido miedo de algo, a que le temes? —Le interrogó mi vecino al tanto que se saboreaba un trago.

— ¡Mira José! Te confieso que durante años rehuí ver la película, o leer el libro sobre el código da Vinci.

—¡La novela de Dan Brown!… ¿Y eso por qué?

—Tú sabes que yo no soy religioso. Nunca estoy metido en una iglesia, pero mi mamá nos enseñó a creer en dos cosas importantes en esta vida: en la navidad y en Cristo. Te juro que esta persecución contra Cristo, que no es cosa nueva, pero ahora es más escrupulosa, me hizo sentir miedo de perder la fe. Aquellos fueron días de desasosiego, con que moral reflexionar sobre la vida del Maestro, basándonos en un texto meramente comercial. Ahh, dime tú.

—Claro, claro —dijo el otro.

—Si mi amigo, tenía miedo de que la religión nos mintiera sobre Jesús, para proteger sus intereses.

Lo vi tomarse un trago, respirar y luego continuar.

—Luego vi la película, y te puedo decir que el código da Vinci, es una gran novela que abrió las puertas para mostrarnos al Jesucristo hombre. No sé, pero para mí, el Santo Grial que propone la novela es una gran utopía. O puede que quizás, no lo sea. ¡Pero te digo algo amigo mío!, el temor se marchó, se disipo, se fue ese día. ¡Ahora aquí, en este lugar te digo!, que aquí en mi corazón lo sigo queriendo igual. Ahora sé que la fe que sembró mi madre es para siempre. Él es la navidad y su mensaje de amor al prójimo es eterno. ¡Yo amo al Jesús niño y ahora admiro al Jesucristo hombre!

Y yo estaba ahí escuchando aquel hombre hablando de fe y amor con pasión y efusión. Observe al otro joven y note que las palabras de su amigo lo habían puesto a reflexionar. Pidieron otra ronda más de cervezas a la cual me invitaron, luego yo invite otra más y después de tomárnosla y pagar la cuenta, se despidieron con un abrazo fraterno. Al igual que ellos también salí del bodegón y me dispuse a llegar a mi casa. A lo lejos los vi cruzar la calle con sus manos ataviadas de regalos para sus chiquillos, también llevaban vino y champaña para celebrar con sus familiares.

Pensé. “Tal vez, más nunca los vuelva a ver”.  Y me regocije de que Dios está en todas partes, y que su mensaje recorre las calles del mundo, para todo aquel que quiera oírlo. Yo esbocé una sonrisa de satisfacción, y me quede en la acera esperando el transporte y a la vez  reflexionando como había cambiado el mundo al principio del nuevo milenio. Un presidente negro en el Imperio Norteamericano, el Imperio Español recogiendo sus cenizas y luchando para cambiar su sistema de gobierno, la Iglesia Católica pidiendo perdón por los pecados cometidos al prójimo, el sueño de Simón Bolívar retozando entre la pobreza y las alegrías de la América del Sur. Ahora no se hablaba de la doble hélice; si no del mapa del genoma humano. También descubrí que existía un mundo virtual, un mundo irreal, que generaba más producto interno que muchos países reales. Podía ver con claridad que el mundo estaba cambiando, pero el cambio que me inquietaba, y que más temía había llegado a su fin.

Ahora podían escribir sobre la última tentación de Cristo, sobre la primera tentación de Cristo; pero nadie podía quitarle a Jesús la fidelidad de la entrega de su vida por la salvación del prójimo. Él había vencido el mal, ahora nos daba la esperanza de vencer el mal en un mundo más complejo, donde lo irreal y la real estaban en juego; y todo iba a depender de nuestra fe.

Un regalo de navidad

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Veinticuatro de diciembre en la tarde. Un hombre joven transita presuroso una vereda solitaria, y entre sus manos carga un hermoso ramo de flores. Rosas; rojas, blancas y rosadas. Rosa, como el nombre de ella. De la mujer que lo trajo al mundo. Una cuadra más adelante se detuvo ante un inmenso portón. De imprevisto una voz quebrada por el tiempo, rompió el silencio de la estancia, cortándole la marcha.

—¿A dónde vas?
—A llevarle su regalo de Navidad.
—Uhmmm. Ya es tarde, pero esta bien, vaya —dijo un poco rezongón—. Acuérdese de cerrar bien el portón al salir.

El hombre indicó que había entendido, moviendo la cabeza en forma afirmativa. Luego se llevó las flores al rostro, exhalando su fragancia, y continúo su recorrido. A lo lejos se escucharon seis campanadas que provenían del viejo reloj de la iglesia; y cerca, muy cerca el crujir de unas oxidadas bisagras. El portón entreabierto aún, dejó ver las manos huesudas del celador del cementerio, cuando este se marchaba.

Autobiografía

FJMalpica
FJMalpica

Yo nací un veinticuatro del mes de enero del año mil novecientos sesenta y cinco, a la una de la mañana, en la Sabana jurisdicción, para aquel entonces, del Municipio Canoabo, hoy Parroquia Canoabo por la nueva ley política territorial. Mi madre solía contarme que esa madrugada hizo un frío insoportable y tuvo que envolverme en tres mantas de algodón, y que parecía un tabaco de los que hacia mi abuelo. Esa madruga el cielo estaba claro y en el horizonte hacia los Cachales, donde  mis abuelos tenían una hacienda de café y plátanos, se veía resplandecer en lo alto una estrella; hoy sé que era Venus que aún sigue, ahí, irradiándonos con su brillo estelar. Mi madre Rosa Hidalgo de Malpica†, quien falleció el 01 de junio del año 2010, siempre se dedicó a los oficios del hogar, y de ella aprendí que no había que salir corriendo, sin antes averiguar de dónde venían los tiros; mi padre Florencio Malpica Guevara, trabajó en sus inicios junto a mi abuelo Prospero Malpica como comerciante de frutas y verduras, y luego fue chofer en la Universidad Simón Rodríguez, núcleo Canoabo, y actualmente es empleado Jubilado por esta casa de estudios.

Yo, Florencio José, fui el tercero, y único varón, de cinco hermanos. Para todo niño, al comienzo, sus padres representan el centro de su vida, pero poco a poco fui descubriendo que en esta travesía por la vida me acompañarían, también, mis cuatro hermanas, de las cuales tres se graduaron de Licenciadas en educación, a saber: Flor Marina, Rosalía, y Rosa Margarita; y Narcisa María que se graduó de enfermera y más tarde obtuvo la Licenciatura en Educación. A todo esto habría que agregarle la presencia de nuestra abuela, materna, Mamarosa, quien con su humildad y sencillez, influyo en mi modo de ver y enfrentar la vida, pues siempre he tenido la cautela de tener a mano una herramienta, ya sea física, emocional o sentimental, para salir a flote en cualquier situación que se me presente; y siempre lo hago basado en su premisa de que no había que andar pasando por la vergüenza de quitar cosas prestadas, por falta de tener en casa un martillo y un clavo.

Mis primeras enseñanzas fueron en la Escuela Pimentel Coronel, ubicada en Canoabo. Allí conocí a la maestra Nelly de segundo grado  y a la maestra Elba de sexto grado, fueron el alfa y omega de mis días escolares, sus pinceladas de enseñanzas en un pueblo sumido en la pobreza y el olvido —en ese entonces Canoabo no aparecía en el mapa político territorial de Venezuela— aún perduran en mi mente. Fue una época donde Canoabo aún se mantenía aislado al resto de las principales ciudades y sus calles eran de tierra, y sus casas viejas hechas de paredes de adobes y techos de enmohecidas tejas, que un día fueron casas de techos rojos. Todo esto tenía un efecto positivo porque nuestra flora y fauna estaban alejada de la contaminación que siempre trae consigo el desarrollo de los pueblos, sobre todo los excesos de basura que poco a poco, a medida que el pueblo fue creciendo, se fueron acumulando en las vertientes de los ríos y a orillas de las carretera principal que nos comunica hacia Bejuma y hacia el Litoral Porteño.

Canoabo se caracterizaba, en ese tiempo, por sus abundantes y cristalinos ríos y por su paisaje de montaña; no en balde el Cacique Canoabo y su pueblo, sus primeros habitantes, lo bautizaron en su lengua como «aldea rodeada de agua dulce» y yo le agregaría «y por inmensas montañas». Para la época del año 1975, Canoabo sufrió un proceso de despoblamiento debido al auge industrial, y desarrollo de las ciudades, por la nacionalización del petróleo, lo cual lo sumergió en la soledad, casi a punto de convertirse en un pueblo olvidado; como Las Casas Muertas de Miguel Otero Silva. Pero apareció un poeta de la educación, el Dr. Félix Adam, y sembró en nuestras tierras fértiles el  núcleo Nº 7 de la Universidad Simón Rodríguez, y como Lázaro, nuestro pueblo fue resucitado entre los muertos y así su destino cambio para siempre.

La  Escuela Técnica Agropecuaria Carlos Sanda, fue mi segunda casa de estudios; de aquí egresé en el año de 1984, como Técnico Medio Agropecuario, mención Fitotecnia. De esta época recuerdo a la profesora Belkys de calderón y al profesor Víctor Jaén como mis mentores y protectores; además de los compañeros de estudios Juan Carlos Ojeda, La Flaca Niriam, Pángola†, Morocho Hernández, Morelba Monasterios, Leonardo Meneses, Menine Párraga, Nancy Mathei, Milagros Sanz, Martha Sepúlveda, Danois Ojeda, y Edgar Palencia. También recuerdo con tristeza la desaparición física del amigo Nelson Rodríguez (accidente automovilístico) y la perdida de cordura del compañero de estudios, a quien apodábamos cariñosamente «Care`pollo», el amigo perdió la cordura, a escasos seis meses antes de graduarnos, y su familia tuvo que internarlo, lamentablemente, en un sanatorio de la ciudad de Valencia. Pero el día del acto de grado, nos dio una sorpresa, pues en su mejoría recordó que debía de graduarse, y según palabras de su hermano, le rogó, le solicito al médico que tenía que ir a Canoabo porque tenía que graduarse; y así fue como de pronto el director dijo: « Bachiller, Parra Arenas Luis Eduardo». Y todos volteamos a ver, a donde el director apuntaba con su mirada; y allí estaba él. Nos miró, saludo, y luego siguió raudo y feliz hacia el presídium, a recibir su diploma de honor. No pudo recibir el título de Técnico Medio en Agropecuaria al no completar los requisitos de ley. Muchos sentimos pena por él; pero también sentimos alegría al ver su cara de felicidad, al dirigirse a recibir su diploma.

Los años ochenta, fueron los años de la rebeldía, los jóvenes estábamos influenciados por los estudiantes citadinos que llegaron con el rocanrol y la música disco, y así abarrotábamos el club social de nuestro pueblo. Las minitecas con sus toneladas de sonidos irrumpieron la tranquilidad de las noches, hasta mucho más allá de la media madrugada, y nuestros padres y abuelos cada vez que nosotros alzábamos el vuelo para ir a la pachanga nos bajaban a garrotazos y coscorrones, pero siempre buscábamos la manera de escaparnos  e irnos a bailar hasta al amanecer. Para el año mil novecientos ochenta y cuatro, yo era un mozalbete de diecinueve años de edad, 65 kilogramos de peso, y un metro y setenta centímetros de estatura; me la pasaba cantando las canciones de Ilan Chester y era más enamorado que un pavo real. Ese mismo año inicie mis estudios universitarios en la Universidad Simón Rodríguez, fundada en Canoabo, por el Dr. Félix Adam. Mi trabajo de grado se tituló: Obtención de un aislado proteico a partir de la harina desgrasada de coco (Cocos nucifera L) y luego de cumplir los requisitos exigidos por la ley me gradué de Ingeniero de alimentos.

Como ingeniero de alimentos trabaje en la empresa Industrias Lara-Carabobo, INLACA, con el cargo de supervisor de Control de calidad y productos terminados; y luego con el grupo PARMALAT como supervisor de producción. Ambas empresas se dedicaban a la fabricación de jugos, néctares y leche pasteurizada, además de los derivados lácteos como: Yogurt, chicha, bebidas achocolatadas. En el año 1998 la situación del país dio un giro muy importante en lo político, cambios que el sector empresarial no los considero de su interés y por lo tanto condujeron a recortes presupuestarios y de nómina, que nos llevaron al desempleo.

No quise perder tiempo esperando que mejoraran las cosas a nivel empresarial, así que en el año 2000 comencé a laborar como Profesor interino adscrito al Ministerio de Educación, en el 2013 recibí la titularidad como docente de aula, y en el año 2018 obtuve el título de Profesor de Educación Técnica y Profesional, egresado de la Universidad Simón Rodríguez. Hoy en día llevo 20 años de ejercicio de la profesión docente, en este recorrido he recibido entre otros reconocimientos; el diploma como Docente del año en el 2005; ese mismo año placa de reconocimiento por los alumnos de la Misión Rivas; y en año 2013 recibí el Botón Ciudad de Bejuma en el marco de la celebración del Día del Educador. También he obtenido el reconocimiento de la escuela Don Viviano Vargas de Canoabo durante el encuentro con los nuevos escritores de la comunidad y la web  Unión hispano mundial de escritores me entregó la Mención Estelar del concurso «Soy el poeta virtual» del año 2010.

Un hijo es el regalo más precioso que un hombre recibe en esta tierra, y Dios me ha dado ese título, el de Papá, pues, el 05 de mayo del año 2005, nació mi hijo Carlos Daniel Malpica Cesar, a él dedique este pequeño, pero sentido, acróstico.

Conjuro de sentimientos de amor puro
Abrazaron las emociones a tu llegada
Rompiendo el silencio, lloraste duro
Lanzándonos tras la belleza de tu mirada
Irradiaste luz, angelical, por Dios lo juro
Trasmitiendo tu brillo de aureola dorada
Oramos brindando por tu futuro, y
Salimos dichosos camino a tu morada.

Como dice la canción del cubano Pablo Milanés, el tiempo pasa y nos vamos poniendo viejo. Y más viejo nos ponemos cuando nuestros hijos crecen y crecen y nosotros comenzamos a crecer como la cola de la vaca, hacia abajo. Yo me siento orgulloso cuando mi hijo se para a mi lado y noto con alegría que cada día está más alto. Cumplió catorce años y estudia tercer año en el Liceo José Andrés Castillo de Montalbán. A parte de ser mi hijo, es mi mejor amigo; sé que podemos discutir, estar en desacuerdo, pero siempre estaremos ahí, para comenzar continuamente una nueva jornada, un nuevo ciclo. Le gusta estudiar; en especial las matemáticas, le gusta el montañismo, acampar a cielo abierto, goza cuando va a la playa, es muy responsable y se acuesta temprano, también le gusta destrozar zapatos; es una máquina perfecta. Además, con toda confianza puedo decirles que es un flaco larguirucho, que come más que una lima nueva, y me he podido dar cuenta que es más enamorado que un palomo azul.

DE MEDICO, POETA Y LOCO…

Así es, de todo tenemos un poco. De médico y poeta todos dicen que sí; pero de loco, si te he visto, no te conozco. Y hablando de loco…aquí se los defino en poesía, de mi autoría.

LOCO

El verdadero loco
nunca sabe que está loco
el solo profesa la fantasía
que le patina en el coco
por eso su alma le inventa cuentos
y por eso vive de sueños rotos.

En estos avatares de la vida uno va rediseñando su proyecto de vida, y por eso la labor como docente, la complemento con el desarrollo del oficio de escritor el cual comencé como un hobby en el año 2008. He escrito cuentos, poesía, y una novela corta que está en revisión, la misma lleva por título » Corran que ahí viene la Sayona», esta narrativa está inspirada en hechos reales ocurridos en la comunidad. A continuación les presento un pequeño fragmento de ella.

«…Allí, desvanecida por la impenetrable neblina, en medio de la carretera humedecida por el rocío de la noche, se descubría entre las tinieblas una silueta de lo que parecía ser una mujer. Su sombra se movió varios metros y luego cruzó la carretera de tierra, internándose entre la oscura arboleda que daba a la orilla del rio. Como el cazador que aguarda la presa celada, estuvo yendo y viniendo por varios días, esperando la oportunidad que había acordado, y este era el momento anhelado, el momento exacto. Aquel ser era una metamorfosis, una pesadilla en sí misma; con su mirada hipnótica hacia soñar a los hombres, pero también suponía su muerte…»

Dios mediante, espero, en lo profesional, culminar con buen pie mis servicios como docente y además ver publicado, algún día, mis trabajos literarios.

FJMalpica
20/12/2019

Llegó la navidad

imagen de annca de pixabay

Llegó diciembre y con el la alegría de la Navidad.

El ambiente navideño, reverdece el entusiasmo de cuando niño íbamos a visitar a los abuelos y junto a ellos elaborábamos las deliciosas hallacas, el dulce de lechosa, el crujiente casabe, y el suculento, e infaltable, asado; y en las tardecitas mientras los adultos ensayaban sus parrandas, nosotros agarrábamos los peroles y formábamos un parrandón debajo del palo de Onoto, donde dormían las gallinas de la abuela.

¡Que buenos recuerdos!

Eso fue en los tiempos de los abuelos, y para muestra de nuestro sentir venezolano les dejo esta parranda Carabobeña, oriunda de los valles fértiles de Canoabo, tierra de gente alegre y parrandera, tierra de poetas, artesanos y agricultores.

Canción: Nuestros Abuelos

Música y letra: Cardenales de Canoabo

y

¡Feliz Navidad 2019 y un Venturoso Año 2020!

El escritor sólo puede interesar a la humanidad cuando en sus obras se interesa por la humanidad. MIGUEL DE UNAMUNO